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New York Times best-selling writer Robert Venditt (SUPERMAN ‘78) and world-renowned comics legend David Lapham (STRAY BULLETS) join forces to deliver a must-read new entry in their striking new vision in the fight against crime. Something’s rotten at Big Caligula’s Pizza, location #212 -- and it’s not just last week’s mozzarella. Cash tips have fallen off a cliff, and the question on everyone’s lips is, why? Has service really gone downhill, or is there something, or someone, more sinister to blame? Corporate smells trouble, and they’ve called in their best man for the job. Enter, Hank Howard. Armed with a mind as sharp as a tack, nerves of steel, and an ironclad stomach, Hank’s about to dive into a mystery hotter than a fresh-baked pie and his only lead won't talk. Literally. It's the location's mascot, Biggie. The employees who don the oversized Roman Emperor garb are forbidden from talking in front of customers. Ruins the illusion for the kids. Thankfully, Hank's not flying solo. Location #212 just happens to be the stomping grounds of Hank's old buddy, the pizza crust loving dog, Cali. Together, they’ll sniff out clues, chomp down leads, and uncover secrets that could rock the pizza world to its core.
El guionista superventas del New York Times Robert Venditt (SUPERMAN ’78) y la leyenda mundial del cómic David Lapham (STRAY BULLETS) unen fuerzas para ofrecer una nueva entrega imprescindible de su impactante visión de la lucha contra el crimen. Algo huele mal en Big Caligula’s Pizza, local nº 212... y no es solo la mozzarella de la semana pasada. Las propinas en efectivo se han desplomado, y la pregunta que todos se hacen es: ¿por qué? ¿De verdad ha empeorado tanto el servicio, o hay algo —o alguien— más siniestro detrás? En la central sospechan que pasa algo, y han llamado a su mejor hombre para el trabajo. Entra en escena Hank Howard. Con una mente afilada como una navaja, nervios de acero y un estómago a prueba de bombas, Hank está a punto de meterse de lleno en un misterio más caliente que una pizza recién horneada, y su única pista no habla. Literalmente. Se trata de Biggie, la mascota del local. Los empleados que se enfundan el enorme disfraz de emperador romano tienen prohibido hablar delante de los clientes. Les rompe la ilusión a los niños. Por suerte, Hank no va solo. El local nº 212 resulta ser justo el territorio de su viejo colega Cali, un perro amante de los bordes de pizza. Juntos seguirán el rastro de las pistas, hincarán el diente a cada nueva línea de investigación y destaparán secretos capaces de sacudir el mundo de la pizza hasta sus cimientos.